Imagina lo siguiente
Tu hijo/a ya es adulto. Está a punto de cumplir 20 años. Cierra los ojos e imagina cómo será a esa edad.
¿Qué clase de persona esperas que tu hijo/a sea a esa edad?
¿Qué tipo de relación esperas tener con tu hijo/a a esa edad?
Haz una lista de 5 características que esperas que tu hijo/a tenga a la edad de 20 años.
Ahora vamos a pensar en el tipo de objetivos que figuran en la lista.
¿Has incluido?
- Que consiga resolver problemas de buena manera
- Una adecuada comunicación
- Que tenga una buena relación contigo
- Que te cuide cuando seas mayor
- Que sea empático/a y respetuoso/a con los demás
- Que distinga entre el bien y el mal
- Que asuma responsabilidades
- Que sea una persona honesta e íntegra
- Que sea leal con la familia y los amigos
- Que sea fiel con su pareja
- Que sea confiable
- Que tenga ganas de superar retos difíciles
- Que tenga la capacidad de pensar independientemente
Los objetivos a largo plazo son los que los padres y madres quieren para sus hijos/as cuando sean adultos.
Por ejemplo, desearías que tu hijo/a llegara a ser:
- Amable y cooperador
- Reflexivo/a y cortés
- Hábil para tomar buenas decisiones
- Honesto/a y digno/a de confianza
- No violento
- Preocupado de ti
- Padre o madre cariñoso/a
Los objetivos a largo plazo se consiguen con el tiempo, a lo largo de muchos años. Pero eso es el corazón mismo de ser padres y madres. Los objetivos a largo plazo son los que los padres y madres quieren alcanzar cuando sus hijos/as sean mayores.
Una de las cosas más difíciles de la crianza de los hijos/as es conciliar nuestros objetivos a largo plazo con los de corto plazo — porque a menudo ambos entran en conflicto.
Volvamos al ejemplo de tu hijo/a que se está preparando para ir a la escuela. Es tarde y él/ella debe desayunar, vestirse, cepillarse los dientes y salir de la casa a tiempo.
Todo lo que deseas en ese momento es conseguir que tu hijo/a llegue a la escuela a tiempo. Estás tenso/a. Él/ella hace las cosas lentamente y se deja distraer por otras cosas. Te sientes frustrado/a.
Podrías gritarle, o incluso golpearlo - para así lograr que se mueva más rápido.
En este momento a ti solo te interesa tu meta a corto plazo: conseguir que tu hijo/a salga de la casa de inmediato.
Pero ¿qué ocurre con tus metas a largo plazo?
Cuando le gritas para que se dé prisa, ¿estás pensando en tu meta sobre que él o ella aprenda a ser cortés?
Cuando lo golpeas, ¿le estás enseñando la forma adecuada de resolver los problemas?
El modo en que actuamos en situaciones de corto plazo es un modelo para nuestros hijos/as. Es entonces cuando aprenden a afrontar el estrés según lo hacen sus padres. Si gritamos y golpeamos cuando estamos estresados, esto es lo que van a aprender a hacer en la misma situación.
Los padres y madres suelen reaccionar frente a frustraciones de corto plazo de modo que bloquean los objetivos de largo plazo. Los gritos y golpes solo enseñarán a tus hijos/as lo contrario de lo que quieres que aprendan a la larga.
Cada vez que reacciones de esa manera, se pierde la oportunidad de mostrar a tus hijos/as la mejor manera de hacer las cosas.